
La caries infantil casi nunca aparece de un día para otro, aunque a las familias les sorprenda cuando la vemos en la revisión. Suele formarse poco a poco, cuando se juntan la placa bacteriana, el consumo frecuente de azúcares y una higiene que no llega bien a todos los rincones de la boca. Y no hablo solo de chuches: zumos, batidos, galletas o el picoteo continuo pesan tanto o más. En consulta siempre insisto en lo mismo: cepillado diario supervisado, pasta con la cantidad de flúor adecuada a la edad, y revisiones periódicas para pillar cualquier mancha a tiempo. También influye algo la genética de cada niño, aunque unos buenos hábitos siempre marcan la diferencia. Cuanto antes se detecta una caries pequeña, más sencillo y menos molesto resulta el tratamiento para el niño.
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