
En mi consulta lo recomiendo casi cada semana a partir de los seis años: el sellado de fisuras es una técnica sencilla e indolora que rellena los surcos de los molares donde el cepillo no siempre llega bien. Ahí es justo donde más caries veo en los niños, porque son zonas estrechas que retienen restos de comida. Aplicamos una resina fina que actúa de barrera protectora, sin anestesia ni tocar el diente con la fresa. Lo ideal es hacerlo poco después de que salga el primer molar definitivo, hacia los 6 años, y repetirlo con el segundo molar sobre los 12. Es una de las técnicas más agradecidas de mi trabajo, porque previene sin necesidad de tratar nada después. En nuestra clínica dental de Córdoba lo revisamos en cada control, porque un sellado bien hecho puede evitar más de un empaste con los años.
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