
Después de más de veinte años viendo bocas infantiles, os puedo asegurar que la merienda del recreo influye tanto como el cepillado en la aparición de caries. No es solo cuestión de evitar chuches: los zumos envasados, las galletas y los cereales azucarados se pegan a los dientes casi igual que un caramelo, y muchas familias no lo saben. Prefiero siempre fruta entera, frutos secos a partir de la edad adecuada, queso o un buen bocadillo sencillo, frente a los productos que se anuncian como "sanos" pero llevan azúcar escondido. Lo que más importa no es prohibir del todo el dulce, sino no convertirlo en la merienda de cada día. Un pequeño cambio en la mochila puede ahorraros más de una visita a la clínica dental por caries en los próximos años.
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