
¿A qué edad empiezan a caerse los dientes de leche? Sobre los 6 años, y el proceso se alarga hasta los 12. Normalmente no duele: el diente se mueve solo durante días o semanas hasta soltarse, sin necesidad de forzarlo.
Viendo caer tantos dientes de leche en mi consulta de Córdoba, sigo disfrutando la ilusión que le pone cada niño al Ratoncito Pérez. La caída suele empezar sobre los 6 años y se alarga hasta los 12, y normalmente no duele: el diente se mueve solo durante días o semanas hasta soltarse. No hace falta forzarlo tirando con un hilo ni con trucos caseros que a veces hacen más daño que bien; dejad que el niño lo mueva con la lengua a su ritmo, jugando con él, que es como más cómodo se sienten.
Si sangra un poco al caerse es normal, basta con una gasa limpia haciendo algo de presión unos minutos. Lo que sí merece revisión es si el diente definitivo asoma antes de que caiga el de leche, formando esa doble fila que tanto asusta a las familias (lo que llamamos "dientes de tiburón"), algo que en nuestra clínica dental de Córdoba vemos con más frecuencia de lo que la gente cree. En la mayoría de los casos el diente de leche acaba cayendo solo en pocas semanas y el definitivo se recoloca con el movimiento natural de la lengua; si tarda demasiado, en consulta valoramos si conviene ayudar un poco.

También conviene vigilar el orden en el que van cayendo: no es tan importante la edad exacta como que sigan más o menos la secuencia habitual, primero los incisivos centrales de abajo, luego los de arriba, y así sucesivamente hasta los últimos molares de leche, que a veces aguantan hasta los 11-12 años. Cada niño lo vive de forma distinta: hay quien lo cuenta con orgullo a todo el que se cruza, y quien le da un poco de miedo perder "un trozo de él mismo". Acompañar esa ilusión sin restarle importancia, y sin quitarle tampoco el pequeño susto inicial, también forma parte de nuestro trabajo.
Un caso distinto, y que sí conviene vigilar de cerca, es cuando un diente de leche se pierde antes de tiempo por una caries avanzada, en vez de caerse por su ritmo natural. Ese hueco prematuro puede hacer que los dientes vecinos se muevan hacia el espacio vacío, dificultando después la salida correcta del diente definitivo. En esos casos valoramos si hace falta un pequeño mantenedor de espacio, un aparatito sencillo que guarda el hueco hasta que le toque salir al diente de verdad, evitando así apiñamientos que luego serían más complicados de corregir con ortodoncia.
Mientras el diente está flojo, sigue haciendo falta cepillarlo con normalidad, aunque muchos niños lo evitan por miedo a que duela o a que se caiga antes de tiempo; les explico siempre que un cepillado suave no lo va a soltar antes de lo que le toca, y que dejar de limpiar esa zona solo favorece que se acumule placa justo donde menos conviene, en el mismo sitio por el que pronto asomará el diente definitivo. Si queréis alargar la ilusión en casa, aquí tenéis dos ideas listas para usar:
Si el diente definitivo ya asoma detrás del de leche que aún no se ha caído, no hace falta alarmarse: comentadlo en la próxima revisión y vemos si conviene ayudar un poco o esperar unas semanas más.
Información general basada en los materiales divulgativos de la Sociedad Española de Odontopediatría (SEOP). Última revisión: agosto de 2026.
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