
En más de veinte años viendo caer dientes de leche en consulta, sigo disfrutando la ilusión que le pone cada niño al Ratoncito Pérez. La caída suele empezar sobre los 6 años y se alarga hasta los 12, y normalmente no duele: el diente se mueve solo durante días o semanas hasta soltarse. No hace falta forzarlo tirando con un hilo ni con trucos caseros que a veces hacen más daño que bien; dejad que el niño lo mueva con la lengua a su ritmo. Si sangra un poco al caerse es normal, basta con una gasa limpia unos minutos. Lo que sí merece revisión es si el diente definitivo asoma antes de que caiga el de leche, algo que en nuestra clínica dental de Córdoba vemos con más frecuencia de lo que la gente cree. Cada niño lo vive de forma distinta, y acompañar esa ilusión sin restarle importancia también forma parte de nuestro trabajo.
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